viernes, 27 de junio de 2008

El cofundador de Microsoft se retira de sus labores en la empresa

Gates cierra la Ventana


Ahora solo se dedicara a sus beneficiencias
y viajara tratando de acabar con la pobreza.

Seattle. Bill Gates se levanta como todos los d��as a las 7 am. Se dirige a la cocina, toma un caf�� y se despide de su esposa. Mientras se sube a su auto piensa que hace 30 a��os hizo este recorrido por primera vez. Mientras maneja por las calles solitarias a esta hora muchos recuerdos afloran. Este es el mismo camino que recorrio cuando creo el sitema operativo MS-DOS. Este e sel camino que recorrio cuando creo Windows. Este es el camino que recorrio cuando creo el paquete de software office. Llega a la oficina ,a la que no volvera mas, y siente nostalgia. Asi haya sido su decisi��n dejar el trabajo que ,seg��n el, ���inicio su vida��� tantos a��os, logros y millones dejan huella. No solo en el alma, si no tambi��n en el coraz��n.

1994. Gates est�� trabajando hasta tarde y al entrar al ascensor presto para irse a casa nota que no est�� solo. Melinda French era manager de varios productos que Microsoft ofrecia. Bill y Melinda se conocieron aquella noche y se dieron cuenta que la vida no solo trataba de programas operativos. Se enamoraron, se casaron y siguen juntos al d��a de hoy.

Bill Gates es el tercer hombre m��s rico del mundo. S��, del mundo. Su fortuna est�� estimada en 58.000 millones de d��lares. S��, millones. Preocupaciones monetarias? Gates no sabe que es eso. Sin embargo, viniendo de origenes de clase media, no ha despilfarrado su dinero, la ha compartido.

La Melinda and Bill Gates fundation es el medio por el cual comparten esa fortuna. Dan donaciones para mejorar los planes de sanidad y educaci��n a personas cuyos gobiernos olvidan. Es a esta fundaci��n a la que Gates se dedicara por completo ahora.

Al final del d��a laboral, sus colegas se van acercando a su oficina a presentarle sus despedidas. La tristeza del ambiente no puede ser ignorada. Todos saben que tras su sonrisa complaciente est�� el sentimiento encontrado de dejar el lugar en el que crecio como persona en todos los sentidos y el sitio que tambien lo mantuvo alejado de ayudar a todos los que deseaba.

Bill Gates se despide, sin embargo todos sabemos no sera lo ��ltimo que escuchemos de el.

martes, 24 de junio de 2008

MILLAS DE ORIGINALIDAD

Juan José Millas es un escritor y periodista español. Estudio Filosofía y letras pero no terminó ya que tenia una dificil rutina alternando sus estudios con multiples trabajos. Millas pasó un tiempo dedicado solamente a la lectura y escritura, especialmente leia a autores europeos. Es asi que, influenciado por Dostoivsky y Kafka, realiza sus primeras publicaciones. Sin embargo “Papel Mojado”, su novela más popular, la escribio con plena libertad y sin pensar en la crítica.
Millas también colabora con la prensa publicando cada viernes una columna en el diario "El Pais". Es en su estilo sutil y original para discutir los temas de actualidad en el que nacen sus seguidores. Sin embargo la principal colaboración de Millas es la creación del género literario el “articuento”, donde cualquier hecho o episodio del día a día puede convertirse en un hecho fantástico que nos permite ver a nuestra sociedad, o la realidad desde un punto de vista reflexivo y crítico.

VARGAS LLOSA EN LO SALVAJE...


España. Mario Vargas Llosa tiene una nueva novela en mente. Mientras lo entrevistan la agencia de noticias multimedia EFE suena su celular y se excusa. Es mi mujer, Patricia, siempre pendiente, comenta mientras guarda nuevamente el teléfono y retoma la conversación.

Vargas Llosa está presto a viajar a Africa. Ahí recorrera parajes por donde el personaje de su relato, Roger Casement, vivio múltiples viscisitudes. Casement fue, como la mayoria de protagonistas de las novelas del escritor arequipeño, un personaje marcado por la controversia. En su labor de cónsul irlandes,Casement, recorrió el Congo y posteriormente documento y atestiguó las grandes injusticias que ahí se cometian por mandato de Leopoldo II. Llosa, en su labor de escritor comprometido a su labor, hizo lo propio ante las inequidades del gobierno de Fujimori en su columan Piedra de Toque de la revista CARETAS. Sentado frente a su laptop nunca guarda reparo en denunciar lo que no cree correcto.

Casement, tras haber sido reconocido, hundió por completo su reputación al ser vinculado con el tráfico de armas facilitarlcelas a los nacionalistas irlandeses posteriormente fue condenado a muerte. Me gustan las historias de antihéroes, responde ante la pregunta sobre que prefiere escribir. Creo que porque siempre me considere uno.

viernes, 13 de junio de 2008

Calentando el banco

1947. Gay Talesse solo deseaba ganarse puntos con su entrenador de baseball cuando acepto cubrir los partidos para el peirodico escolar. Sentado frente a su maquina de escribir no imagino seria el primer paso hacia una vida escribiendo. Talesse fue rechazado por muchas universidades antes de lograr ingresar a la universidad de alabama. La universidad de alabama le dio la oportunidad de desarrollarse como reportero deportivo, Talesse no cumplio su tranajo de manera convencional, antes de que Capote usara la escenificacion en sus historias Talesse lo aplico a sus redacciones, No quiero plasmar la voz del héroe en mis relatos, si no del poco afortunado, del que no es escuchado cuenta mientras sorbe una taza de café sepultado en libros en su oficina en Nueva York.

EL JOVEN REY


Narnia. Mágico lugar suspendido en el tiempo estaba lleno de oscuridad y en guerra. Esta nueva aventura cinematografica nos trae de vuelta a los personajes Caspian miraba a las estrellas y recordaba los momentos en que su niñera le contaba historias sobre los habitante de este mundo. Narnia habia cambiado. Caspian era el heredero legitimo al trono pero viviendo con su tío jamas lo alcanzaria. Quiero gobernar y restaurar la armonía en Narnia suplicaba Caspian. Cuando seas un verdadero hombre lo seras, querido sobrino. Pero bien sabía Caspian que detrás de esos argumentos su tío escondia sus verdaderas intenciones. Fue advertido del plan de su asesinato cuando practicaba sus movimientos de espada en el palacio y decidio huir. Nunca pense que la sed de poder llegaria tan lejos, dijo para si mismo. Tomo su caballo y cabalgo hacia su independencia, hacia su libertad.

martes, 10 de junio de 2008

FIN DEL PARTIDO


Domingo. Jorge Salazar da un último respiro y muere. No es otro final de sus crónicas de asesinatos, es real. Salazar tomo su enfermedad como escribia, de manera práctica y fría. Alaín Elias fue su gran amigo, un simil a él. Salazar y Elias fueron a un partido de fútbol. Llegaron al estadio y se sintieron listos a ver si Perú llegaria a las Olimpiadas de Tokyo. Lobatón corrió, llego al arco y anotó. El Perú sonreia desde cada espectadores. Pazos, árbitro uruguayo y jugador frustrado, no lo considero. Caos, golpes y humo llenaron el estadio nacional. La anulación del gol no solo llevo a perder la clasificación, si no también anulo la vida de 1500 personas. Elias fue uno de ellos. Nos vemos al final del partido, murmuro mientras era aplastado. 44 años después Salazar y Elias se encuentran de nuevo, esta vez su amistad no tiene medio tiempo.

viernes, 6 de junio de 2008

Los asesinos dialogan...

-¿Qué van a pedir? -les preguntó George.
-No sé -dijo uno de ellos-. ¿Tú qué tienes ganas de comer, Al?
-Qué sé yo -respondió Al-, no sé.
-Yo voy a pedir costillitas de cerdo con salsa de manzanas y puré de papas -dijo el primero.
-Todavía no está listo.
-¿Entonces por qué carajo lo pones en la carta?
-Esa es la cena -le explicó George-. Puede pedirse a partir de las seis.
George miró el reloj en la pared de atrás del mostrador.
-Son las cinco.
-El reloj marca las cinco y veinte -dijo el segundo hombre.
-Adelanta veinte minutos.
-Bah, a la mierda con el reloj -exclamó el primero-. ¿Qué tienes para comer?
-Puedo ofrecerles cualquier variedad de sándwiches -dijo George-, jamón con huevos, tocineta con huevos, hígado y tocineta, o un bisté.
-A mí dame suprema de pollo con arvejas y salsa blanca y puré de papas.
-Esa es la cena.
-¿Será posible que todo lo que pidamos sea la cena?
-Puedo ofrecerles jamón con huevos, tocineta con huevos, hígado...
-Jamón con huevos -dijo el que se llamaba Al. Vestía un sombrero hongo y un sobretodo negro abrochado. Su cara era blanca y pequeña, sus labios angostos. Llevaba una bufanda de seda y guantes.
-Dame tocineta con huevos -dijo el otro. Era más o menos de la misma talla que Al. Aunque de cara no se parecían, vestían como gemelos. Ambos llevaban sobretodos demasiado ajustados para ellos. Estaban sentados, inclinados hacia adelante, con los codos sobre el mostrador.
-¿Hay algo para tomar? -preguntó Al.
-Gaseosa de jengibre, cerveza sin alcohol y otras bebidas gaseosas -enumeró George.
-Dije si tienes algo para tomar.
-Sólo lo que nombré.
-Es un pueblo caluroso este, ¿no? -dijo el otro- ¿Cómo se llama?
-Summit.
-¿Alguna vez lo oíste nombrar? -preguntó Al a su amigo.
-No -le contestó éste.
-¿Qué hacen acá a la noche? -preguntó Al.
-Cenan -dijo su amigo-. Vienen acá y cenan de lo lindo.
-Así es -dijo George.
-¿Así que crees que así es? -Al le preguntó a George.
-Seguro.
-Así que eres un chico vivo, ¿no?
-Seguro -respondió George.
-Pues no lo eres -dijo el otro hombrecito-. ¿No es cierto, Al?
-Se quedó mudo -dijo Al. Giró hacia Nick y le preguntó-: ¿Cómo te llamas?
-Adams.
-Otro chico vivo -dijo Al-. ¿No es vivo, Max?
-El pueblo está lleno de chicos vivos -respondió Max.

-¿Cuál es el suyo? -le preguntó a Al.
-¿No te acuerdas?
-Jamón con huevos.
-Todo un chico vivo -dijo Max. Se acercó y tomó el jamón con huevos. Ambos comían con los guantes puestos. George los observaba.
-¿Qué miras? -dijo Max mirando a George.
-Nada.
-Cómo que nada. Me estabas mirando a mí.
-En una de esas lo hacía en broma, Max -intervino Al.
George se rió.
-Tú no te rías -lo cortó Max-. No tienes nada de qué reírte, ¿entiendes?
-Está bien -dijo George.
-Así que piensas que está bien -Max miró a Al-. Piensa que está bien. Esa sí que está buena.
-Ah, piensa -dijo Al. Siguieron comiendo.
-¿Cómo se llama el chico vivo ése que está en la punta del mostrador? -le preguntó Al a Max.
-Ey, chico vivo -llamó Max a Nick-, anda con tu amigo del otro lado del mostrador.
-¿Por? -preguntó Nick.
-Porque sí.
-Mejor pasa del otro lado, chico vivo -dijo Al. Nick pasó para el otro lado del mostrador.
-¿Qué se proponen? -preguntó George.
-Nada que te importe -respondió Al-. ¿Quién está en la cocina?
-El negro.
-¿El negro? ¿Cómo el negro?
-El negro que cocina.
-Dile que venga.
-¿Qué se proponen?
-Dile que venga.
-¿Dónde se creen que están?
-Sabemos muy bien dónde estamos -dijo el que se llamaba Max-. ¿Parecemos tontos acaso?
-Por lo que dices, parecería que sí -le dijo Al-. ¿Qué tienes que ponerte a discutir con este chico? -y luego a George-: Escucha, dile al negro que venga acá.
-¿Qué le van a hacer?
-Nada. Piensa un poco, chico vivo. ¿Qué le haríamos a un negro?
George abrió la portezuela de la cocina y llamó:
-Sam, ven un minutito.
El negro abrió la puerta de la cocina y salió.
-¿Qué pasa? -preguntó. Los dos hombres lo miraron desde el mostrador.
-Muy bien, negro -dijo Al-. Quédate ahí.

-Sí, señor -dijo. Al bajó de su taburete.
-Voy a la cocina con el negro y el chico vivo -dijo-. Vuelve a la cocina, negro. Tú también, chico vivo.
-Bueno, chico vivo -dijo Max con la vista en el espejo-. ¿Por qué no dices algo?
-¿De qué se trata todo esto?
-Ey, Al -gritó Max-. Acá este chico vivo quiere saber de qué se trata todo esto.
-¿Por qué no le cuentas? -se oyó la voz de Al desde la cocina.
-¿De qué crees que se trata?
-No sé.
-¿Qué piensas?
Mientras hablaba, Max miraba todo el tiempo al espejo.
-No lo diría.
-Ey, Al, acá el chico vivo dice que no diría lo que piensa.
-Está bien, puedo oírte -dijo Al desde la cocina, que con una botella de ketchup mantenía abierta la ventanilla por la que se pasaban los platos-. Escúchame, chico vivo -le dijo a George desde la cocina-, aléjate de la barra. Tú, Max, córrete un poquito a la izquierda -parecía un fotógrafo dando indicaciones para una toma grupal.
-Dime, chico vivo -dijo Max-. ¿Qué piensas que va a pasar?
George no respondió.
-Yo te voy a contar -siguió Max-. Vamos a matar a un sueco. ¿Conoces a un sueco grandote que se llama Ole Andreson?
-Sí.
-Viene a comer todas las noches, ¿no?
-A veces.
-A las seis en punto, ¿no?
-Si viene.
-Ya sabemos, chico vivo -dijo Max-. Hablemos de otra cosa. ¿Vas al cine?
-De vez en cuando.
-Tendrías que ir más seguido. Para alguien tan vivo como tú, está bueno ir al cine.
-¿Por qué van a matar a Ole Andreson? ¿Qué les hizo?
-Nunca tuvo la oportunidad de hacernos algo. Jamás nos vio.
-Y nos va a ver una sola vez -dijo Al desde la cocina.
-¿Entonces por qué lo van a matar? -preguntó George.
-Lo hacemos para un amigo. Es un favor, chico vivo.
-Cállate -dijo Al desde la cocina-. Hablas demasiado.
-Bueno, tengo que divertir al chico vivo, ¿no, chico vivo?
-Hablas demasiado -dijo Al-. El negro y mi chico vivo se divierten solos. Los tengo atados como una pareja de amigas en el convento.
-¿Tengo que suponer que estuviste en un convento?
-Uno nunca sabe.
-En un convento judío. Ahí estuviste tú.

-Si viene alguien, dile que el cocinero salió, si después de eso se queda, le dices que cocinas tú. ¿Entiendes, chico vivo?
-Sí -dijo George-. ¿Qué nos harán después?
-Depende -respondió Max-. Esa es una de las cosas que uno nunca sabe en el momento.
-Hola, George -saludó-. ¿Me sirves la cena?
-Sam salió -dijo George-. Volverá alrededor de una hora y media.
-Mejor voy a la otra cuadra -dijo el chofer. George miró el reloj. Eran las seis y veinte.
-Estuviste bien, chico vivo -le dijo Max-. Eres un verdadero caballero.
-Sabía que le volaría la cabeza -dijo Al desde la cocina.
-No -dijo Max-, no es eso. Lo que pasa es que es simpático. Me gusta el chico vivo.
A las siete menos cinco George habló:
-Ya no viene.
-El chico vivo puede hacer de todo -dijo Max-. Cocina y hace de todo. Harías de alguna chica una linda esposa, chico vivo.
-¿Sí? -dijo George- Su amigo, Ole Andreson, no va a venir.
-Le vamos a dar otros diez minutos -repuso Max.

-Vamos, Al -dijo Max-. Mejor nos vamos de acá. Ya no viene.
-Mejor esperamos otros cinco minutos -dijo Al desde la cocina.
-¿Por qué carajo no consigues otro cocinero? -lo increpó el hombre- ¿Acaso no es un restaurante esto? -luego se marchó.
-Vamos, Al -insistió Max.
-¿Qué hacemos con los dos chicos vivos y el negro?
-No va a haber problemas con ellos.
-¿Estás seguro?
-Sí, ya no tenemos nada que hacer acá.
-No me gusta nada -dijo Al-. Es imprudente, tú hablas demasiado.
-Uh, qué te pasa -replicó Max-. Tenemos que entretenernos de alguna manera, ¿no?
-Igual hablas demasiado -insistió Al. Éste salió de la cocina, la recortada le formaba un ligero bulto en la cintura, bajo el sobretodo demasiado ajustado que se arregló con las manos enguantadas.
-Adiós, chico vivo -le dijo a George-. La verdad es que tuviste suerte.
-Cierto -agregó Max-, deberías apostar en las carreras, chico vivo.

-No quiero que esto vuelva a pasarme -dijo Sam-. Ya no quiero que vuelva a pasarme.
Nick se incorporó. Nunca antes había tenido una toalla en la boca.
-¿Qué carajo...? -dijo pretendiendo seguridad.
-Querían matar a Ole Andreson -les contó George-. Lo iban a matar de un tiro ni bien entrara a comer.
-¿A Ole Andreson?
-Sí, a él.
El cocinero se palpó los ángulos de la boca con los pulgares.
-¿Ya se fueron? -preguntó.
-Sí -respondió George-, ya se fueron.
-No me gusta -dijo el cocinero-. No me gusta para nada.
-Escucha -George se dirigió a Nick-. Tendrías que ir a ver a Ole Andreson.
-Está bien.
-Mejor que no tengas nada que ver con esto -le sugirió Sam, el cocinero-. No te conviene meterte.
-Si no quieres no vayas -dijo George.
-No vas a ganar nada involucrándote en esto -siguió el cocinero-. Mantente al margen.
-Voy a ir a verlo -dijo Nick-. ¿Dónde vive?
-Los jóvenes siempre saben qué es lo que quieren hacer -dijo.
-Vive en la pensión Hirsch -George le informó a Nick.
-Voy para allá.
-¿Está Ole Andreson?
-¿Quieres verlo?
-Sí, si está.
Nick siguió a la mujer hasta un descanso de la escalera y luego al final de un pasillo. Ella llamó a la puerta.
-¿Quién es?
-Alguien que viene a verlo, Sr. Andreson -respondió la mujer.
-Soy Nick Adams.
-Pasa.
-¿Qué pasa? -preguntó.
-Estaba en el negocio de Henry -comenzó Nick-, cuando dos tipos entraron y nos ataron a mí y al cocinero, y dijeron que iban a matarlo.
Sonó tonto decirlo. Ole Andreson no dijo nada.
-Nos metieron en la cocina -continuó Nick-. Iban a dispararle apenas entrara a cenar.
-George creyó que lo mejor era que yo viniera y le contase.
-No hay nada que yo pueda hacer -Ole Andreson dijo finalmente.
-Le voy a decir cómo eran.
-No quiero saber cómo eran -dijo Ole Andreson. Volvió a mirar hacia la pared: -Gracias por venir a avisarme.
-No es nada.
-¿No quiere que vaya a la policía?
-No -dijo Ole Andreson-. No sería buena idea.
-¿No hay nada que yo pueda hacer?
-No. No hay nada que hacer.
-Tal vez no lo dijeron en serio.
-No. Lo decían en serio.
-Lo que pasa -dijo hablándole a la pared- es que no me decido a salir. Me quedé todo el día acá.
-¿No podría escapar de la ciudad?
-No -dijo Ole Andreson-. Estoy harto de escapar.
Seguía mirando a la pared.
-Ya no hay nada que hacer.
-¿No tiene ninguna manera de solucionarlo?
-No. Me equivoqué -seguía hablando monótonamente-. No hay nada que hacer. Dentro de un rato me voy a decidir a salir.
-Mejor vuelvo adonde George -dijo Nick.
-Chau -dijo Ole Andreson sin mirar hacia Nick-. Gracias por venir.
-Estuvo todo el día en su cuarto -le dijo la encargada cuando él bajó las escaleras-. No debe sentirse bien. Yo le dije: "Señor Andreson, debería salir a caminar en un día otoñal tan lindo como este", pero no tenía ganas.
-No quiere salir.
-Qué pena que se sienta mal -dijo la mujer-. Es un hombre buenísimo. Fue boxeador, ¿sabías?
-Sí, ya sabía.
-Uno no se daría cuenta salvo por su cara -dijo la mujer. Estaban junto a la puerta principal-. Es tan amable.
-Bueno, buenas noches, Sra. Hirsch -saludó Nick.
-Yo no soy la Sra. Hirsch -dijo la mujer-. Ella es la dueña. Yo me encargo del lugar. Yo soy la Sra. Bell.
-Bueno, buenas noches, Sra. Bell -dijo Nick.
-Buenas noches -dijo la mujer.
-¿Viste a Ole?
-Sí -respondió Nick-. Está en su cuarto y no va a salir.
-No pienso escuchar nada -dijo y volvió a cerrar la puerta de la cocina.
-¿Le contaste lo que pasó? -preguntó George.
-Sí. Le conté pero él ya sabe de qué se trata.
-¿Qué va a hacer?
-Nada.
-Lo van a matar.
-Supongo que sí.
-Debe haberse metido en algún lío en Chicago.
-Supongo -dijo Nick.
-Es terrible.
-Horrible -dijo Nick.

-Me pregunto qué habrá hecho -dijo Nick.
-Habrá traicionado a alguien. Por eso los matan.
-Me voy a ir de este pueblo -dijo Nick.
-Sí -dijo George-. Es lo mejor que puedes hacer.
-No soporto pensar que él espera en su cuarto y sabe lo que le pasará. Es realmente horrible.
-Bueno -dijo George-. Mejor deja de pensar en eso.

martes, 3 de junio de 2008

Una vida pura


El Callao. Sarita iba paseando como de costumbre por las calles de su barrio, despreocupada y tranquila como era ella, cuando de una esquina aparecio un grupo de hombres.Los hombres, quienes tenian almas tan oscuras como sus ropas, la vieron a lo lejos y sin decirse nada, solo con la mirada tomaron una decisión. Sarita, no tenía nada que darles, ninguna moneda o nada de valor. Revisaron sus bolsillos y de la frustración decidieron ultrajarla. Sarita no temblo cuando la tiraron al suelo, no temió cuando rompieron su vestido y no se resistió cuando la tomaron de las piernas, es más, sarita no reaccionó. Los hombres, por otro lado, no pudieron hacer más. Estupefactos se dieron cuenta que no había nada que pudieran tocar. Con el paso de los años cuentan que fue su fe la que la protegío, que fue eso lo que escondió a su virtud y la mantuvo pura