He leído “Cien años de soledad” más de una vez, he visto las casas de Macondo en mi mente, he escuchado la radiola de Pietro en la sala de los Buendía y me he puesto del lado de Rebeca o Amaranta cuando se peleaban por amor. Sin embargo, jamás imagine que la realidad del autor al escribirla tenía algo de “realismo mágico” también.Las vicisitudes por las que paso García Márquez para convertir en realidad el trabajo de un año y medio son incontables, desde verse obligado a empeñar su automóvil nuevo a dejar de pagar la renta de su casa o a pedir numerosos favores. Finalmente creo que aunque suena bastante cliché, lo más importante de la experiencia que cuenta, es que son en esos momentos críticos en los que uno realmente nota quien es tu amigo y está dispuesto a pasar por un mal momento con tal de que no seas tú el damnificado.
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